La historia detrás de las historias
Llevaba toda mi vida persiguiendo la versión equivocada de mí mismo.
En febrero de 2023 estaba escribiendo en mi diario, en una casa del té en las montañas de Taiwán, cuando esa frase me obligó a reconocer algo que llevaba años evitando.
Unos meses antes, en diciembre de 2022, había publicado mi primer libro. Ese mismo mes, mi único cliente cerró su negocio y me quedé sin trabajo. Tenía ahorros para un año y una oportunidad para descubrir si escribir podía dejar de ser un sueño y convertirse en mi vida. Así que no busqué nuevos clientes y lo aposté todo a convertirme en escritor.
Pero ni siquiera entonces había dejado de dispersarme. Programación, marketing digital, inteligencia artificial, fotografía… Cada vez que la escritura exigía que la eligiera por encima del resto, encontraba otro camino que parecía progreso, pero que me permitía aplazar la decisión.
En Taiwán, con mis ahorros desapareciendo más rápido de lo previsto, se acabaron las excusas. Podía seguir buscando caminos alternativos o apostar de una vez por la escritura.

Un único foco
La respuesta era obvia. Lo difícil era aceptar todo lo que implicaba.
Desde pequeño, crear ha sido una necesidad para mí. Con ocho años fue una casa de cartón; con once, mi primer libro; con quince, una impresora 3D. Siempre estaba construyendo, aprendiendo o intentando convertir una idea en algo que pudiera existir fuera de mi cabeza.
Pero ninguna de esas formas de creación se parecía a la escritura.
Escribir me daba una libertad que no encontraba en ningún otro lugar. Podía empezar con una página en blanco e inventar un personaje, una ciudad o una sociedad completa. Podía entrar en ese mundo, vivir dentro de él durante unas horas y regresar al nuestro siendo ligeramente distinto.
Aun así, durante años traté la escritura como algo secundario. Como un hobby que debía justificar con una profesión más convencional. Siempre había un camino aparentemente más sensato que podía seguir antes de concederme permiso para intentarlo de verdad.
En aquella casa del té comprendí que no necesitaba descubrir una nueva vocación. Necesitaba dejar de protegerme de la que ya había elegido.
Elegir la escritura no significaba cerrar el resto de caminos. Significaba encontrar el único capaz de reunirlos.
Desde entonces, escribir dejó de ser una posibilidad entre muchas. Se convirtió en el centro alrededor del cual construir todo lo demás.
La materia prima
La escritura convierte todas mis obsesiones en algo vivo.
Durante mucho tiempo pensé que elegir un único camino significaba abandonar todo lo que quedaba fuera de él. Con la escritura sucede lo contrario.
Todo lo que despierta mi curiosidad puede terminar dentro de una historia. La tecnología puede convertirse en el sistema que sostiene una sociedad inmortal. Una ciudad puede transformarse en el escenario de una conspiración. Un viaje, una conversación o una pregunta pueden acabar dando origen a un personaje.
La cultura, la psicología, la decena de países en los que he vivido, las personas que conozco y las ideas que no consigo quitarme de la cabeza dejan de ser intereses separados. Al escribir, puedo conectarlos y convertirlos en mundos que otras personas también puedan recorrer.
Por eso no quiero crear historias que solo sirvan para llenar unas horas. Quiero que te atrapen desde la primera página y te mantengan dentro hasta la última, pero también que dejen algo cuando terminen: una pregunta, una emoción o una manera diferente de mirar el mundo.
Escribo porque una historia puede entretenerte y, al mismo tiempo, permitirte vivir una vida que nunca habría podido ser la tuya.

El camino por delante
Quiero escribir durante el resto de mi vida.
Me llamo Kian Noren. Escribo historias que se disfrutan con el placer adictivo de una serie, pero que dejan poso. Historias emocionantes y absorbentes, llenas de preguntas que continúan contigo mucho después de cerrar el libro.
Y persigo un objetivo muy concreto.
Puede que conozcas la idea de los «1.000 true fans»: mil personas que no se limitan a consumir lo que haces, sino que esperan lo siguiente, lo recomiendan y sienten que también forman parte de ello.
Mi objetivo es esa idea, pero con tres ceros más: reunir a un millón de aliados voraces alrededor de estas historias.
No porque quiera coleccionar seguidores ni porque aspire a ser famoso. Lo hago porque quiero dedicar el resto de mi vida a escribir y necesito una meta lo bastante grande como para que el camino nunca llegue a su fin.
En YouTube documento ese camino mientras sucede: los avances, los experimentos, los viajes, los tropiezos y las obsesiones que me transforman como escritor y que, tarde o temprano, terminan abriéndose paso en mis historias.
No quiero enseñarte únicamente el resultado final. Quiero que puedas presenciar todo lo que ocurre antes de que un libro llegue a tus manos.
Si decides acompañarme, no llegarás cuando todo esté terminado. Estarás aquí mientras lo estoy construyendo.
«Yo estaba ahí cuando todo empezó».